El 22 de abril de 2026, ESDI vivió una de sus noches más especiales con su participación en el desfile de apertura previo a la presentación de la colección del diseñador de alta costura Stéphane Rolland. En el marco de Barcelona Bridal Fashion Week 2026, la maison del diseñador francés quiso abrir la gala al talento emergente a través del proyecto Sculpted by Nature, desarrollado junto a tres escuelas de diseño de Barcelona. En el caso de ESDI, siete estudiantes y alumni recién graduados del Grado en Diseño mención Moda y del CFGS en Estilismo de Indumentaria diseñaron 7 vestidos de novia, que fueron confeccionados con tejidos cedidos por Gratacós y presentados bajo la mentoría directa del couturier francés.
En el caso de ESDI, la participación en pasarela volvió a poner en valor una manera de entender la formación vinculada a la industria, al oficio y a la experimentación creativa. Las piezas presentadas evidenciaron una gran diversidad de lenguajes, desde propuestas más escultóricas y arquitectónicas hasta otras atravesadas por la naturaleza, la memoria, la transformación textil o el imaginario poético. Cada diseño llevó a la pasarela una mirada propia sobre el universo bridal contemporáneo, confirmando la capacidad del alumnado para traducir conceptos complejos en prendas sólidas, sensibles y visualmente potentes.
La participación de ESDI se articuló a través de los trabajos de Francisca Latapiat, Adriana Martin, Tatiana Muraveynikw, Judit Serra Cheto, Eiden Rodríguez, Marian A. Ben Da Silva y Ronald Cáceres. La primera propuesta de ESDI en salir a pasarela fue la de Francisca Latapiat, que presentó un universo inspirado en «Desierto Florido». Su proyecto nace del contraste entre el paisaje urbano de Santiago de Chile, la presencia de los Andes y el recuerdo del desierto de Atacama en flor como metáfora de la belleza que resiste y reaparece en los lugares más inesperados. A partir de esa idea, construyó una colección en la que naturaleza y resistencia se convierten en el eje del relato, con la capucha como símbolo de abrigo, protección y fortaleza interior. En sus diseños conviven mikado, organza, crepé, tafetán y flores de seda y tul, en piezas que hablan de florecer, transformarse, recomponerse y resistir.
A continuación desfiló Adriana Martin, con una propuesta desarrollada bajo el título «Groot Reverie«. Su colección toma como punto de partida las formas orgánicas de las cuevas y la relación entre vacío y estructura sólida, trasladando esa tensión al vestido nupcial. El resultado es una serie de siluetas que evocan refugio, misterio y protección, con cuerpos interiores de mikado, cúpulas y envolventes de organza, drapeados frontales y volúmenes que parecen esculpir el espacio alrededor del cuerpo. Su trabajo propone una novia arquitectónica y a la vez orgánica, en equilibrio entre contención, extrañeza y belleza.
La tercera salida correspondió a Tatiana Muraveynikw, autora de «Bird-Maiden«. Su proyecto se inspira en la suite musical The Snowstorm de Georgy Sviridov y en la imagen de una novia entendida como alma de pájaro: libre, delicada y purificada por el amor. Desde esa idea construye un imaginario etéreo y ceremonial, atravesado por plumas, velos, transparencias, capas ligeras y volúmenes suaves. Sus diseños combinan corsetería, punto por capas y grandes piezas envolventes para dar forma a una figura nupcial suspendida entre lo terrenal y lo aéreo, con una sensibilidad especialmente lírica.
Después llegó el turno de Judit Serra Cheto, que llevó a la pasarela «La danse de l’eau«. Su colección parte de la esencia del agua en la naturaleza y de su capacidad para fluir, envolver, transformar y modelar todo lo que toca. El mar, la lluvia, los ríos y las cascadas aparecen traducidos en tejidos ligeros, plisados, organzas iridiscentes, sedas y largas colas que caen con naturalidad sobre el cuerpo. Más que reproducir formas literales, su propuesta busca capturar la elegancia, la serenidad, el movimiento y la gracia del agua, convirtiendo el vestido de novia en una prolongación de ese gesto continuo y orgánico.
La quinta propuesta fue la de Eiden Rodríguez, que presentó «Baiser de papillon de nuit«, una colección inspirada en las polillas. Su punto de partida resignifica uno de los gestos más asociados al deterioro textil —las huellas que estos insectos dejan sobre la ropa— para convertirlo en un lenguaje estético. Eiden trabaja la polilla como símbolo de cambio, búsqueda de luz en la oscuridad, crecimiento espiritual y transformación, trasladando esa idea a vestidos en tonos off-white, con aspecto envejecido, múltiples texturas y distintos matices de blanco roto. En la pieza vista en pasarela, esa investigación se materializó en una silueta de fuerte carácter matérico, con superficie desgastada, construcción por capas y una presencia escénica que convertía la erosión y la fragilidad en belleza.
En sexto lugar desfiló Marian A. Ben Da Silva, con «The Memory of Water on Stone«, una colección inspirada en la erosión, en la huella del tiempo y en el diálogo entre el agua y la piedra. Su investigación se centra en la forma en que el mar transforma la materia: el movimiento repetido de las mareas, la superficie de las rocas, la espuma, los relieves orgánicos y la vida marina adherida a los cuerpos sólidos. Todo ello se traslada a vestidos donde conviven curvas, pliegues, superposiciones, volúmenes dinámicos y texturas que evocan conchas, oleaje y sedimentos. El resultado es una propuesta de gran fuerza escultórica, donde la suavidad del movimiento se combina con una construcción precisa.
Cerró la participación de ESDI Ronald Cáceres, con «Symbiosis«, una colección que observa la naturaleza como sistema de equilibrio, transformación e interdependencia. Sus vestidos representan la conexión entre aire, agua, luz y tierra a través de la interacción entre mikado, chiffon, transparencias, bordados y volúmenes orgánicos. Las siluetas desarrolladas para este proyecto convierten a la novia en un cuerpo en armonía con su entorno, donde materia y movimiento se relacionan desde una sensibilidad etérea y contemporánea. Su propuesta aporta una lectura nupcial serena, orgánica y poética, en la que estructura y fluidez conviven sin imponerse una sobre otra.
Más allá del impacto visual del desfile, la participación de ESDI en esta Barcelona Bridal Night de BBFW confirma el valor de una formación capaz de acompañar procesos creativos personales y convertirlos en propuestas maduras, complejas y escénicamente eficaces. La apertura firmada por el alumnado no fue solo un ejercicio de visibilidad, sino también una demostración de cómo el diseño emergente puede dialogar con los códigos de la Alta Costura desde una identidad propia. En una noche concebida por Stéphane Rolland como homenaje al amor, la transmisión del conocimiento y las nuevas generaciones, ESDI mostró que el talento joven también puede ocupar la pasarela internacional con voz propia.













