Nuevos entornos: la revolución del diseño de interiores en las oficinas

Nuevos entornos: la revolución del diseño de interiores en las oficinas

Con el auge de plataformas como Pinterest e Instagram, es innegable que el diseño de interiores ha adquirido un lugar de popularidad inédito para la disciplina. Ese impulso, sin embargo, también se ha gestado en un rubro históricamente distante de las reglas del diseño, que privilegió la productividad y la eficiencia máximas en lugar del estilo y la funcionalidad: las oficinas.

Hoy en día, una cultura de trabajo más enfocada en el empleado y la necesidad de atraer nuevos talentos han logrado que muchos negocios y empresas se despidan finalmente de los cubículos individualistas y opten por ambientes laborales de mayor integración y flexibilidad. En esta revolución, mayoritariamente vehiculizada por las grandes corporaciones, los diseñadores de interiores se erigen como profesionales capaces de conjugar las necesidades de estilo, estructuración e incluso ergonomía de los nuevos espacios de trabajo.

Una de las claves de estos novedosos entornos son los espacios abiertos, que suponen el reto de hallar el balance perfecto entre privacidad y colaboración. Esta estructura, un estilo popular en redacciones y grandes firmas, se ve enriquecida por espacios con aislamiento sonoro, fijos o incluso móviles, en los que los trabajadores puedan relajarse o mantener reuniones importantes.

Dada la flexibilidad y el surgimiento de modelos alternativos de trabajo, las oficinas utilizan esos mismos criterios como lineamientos estratégicos para captar y retener a su talento joven, así como incentivar la creatividad y la productividad de una generación más energética, acostumbrada a la inmediatez y el cambio. De esta forma, los espacios y muebles multipropósito y alterables son una alternativa para transformar fácilmente los entornos entre salas colaborativas a juntas de reuniones o espacios individuales e incluso de descanso.

El bienestar físico y psicológico de los trabajadores también es puesto en el primer plano: la ergonomía, si bien ha sido soslayada por años de las oficinas, ahora es uno de los criterios fundamentales para garantizar la efectividad de los trabajadores. Estaciones de trabajo modulares y cómodas, para labores que los trabajadores realizan sentados o parados, son las claves, así como áreas para que realicen ejercicio o descansen. Estas herramientas, además, deben verse conjugadas con una preocupación por la estética y la paleta de colores del entorno: una oficina mayoritariamente negra o gris, sin decoración o con ornamentos estridentes, puede resultar desmotivadora para los jóvenes, con una cultura de la imagen y la estética mucho más enfática.

Estudios han demostrado que los entornos cerrados, con luz artificial severa, falta de aire fresco y ruido constante son responsables por el decaimiento en la salud y productividad de muchos empleados. Una tendencia que acompaña estos cambios, que busca incorporar unidades de purificación del aire, grandes ventanales y muchas y variadas plantas, puede modificar no sólo la apariencia, sino la calidad de un lugar.

La tecnología también se presenta como un elemento que tiene el potencial de modificar las oficinas: mesas con pantallas táctiles empotradas y displays grandes y compartidos pueden parecer lejanos en el futuro, pero vaticinan una era de trabajo colaborativo aún mayor.

Sin embargo, no todo en las oficinas debe ser calma y colaboración, sino que se debe poder transmitir, de una manera sutil pero persistente, cuál es la esencia del negocio o de la empresa, sea a través de un branding imaginativo o de un estilo diferencial, que no sólo atraiga a los nuevos talentos, sino que sea capaz de retenerlos y lograr fidelizarlos en el futuro.



X
X