La tecnología al servicio de la autenticidad: cómo etiquetas y apps podrían frenar la falsificación

La tecnología al servicio de la autenticidad: cómo etiquetas y apps podrían frenar la falsificación

Ante una cantidad ingente de plataformas de e-commerce dedicadas a la venta y a la reventa de productos, los artículos falsificados se encuentran ante un mercado de proporciones inauditas. Las tiendas que se dedican a la venta de este tipo de productos no sólo pueden establecerse sin represalias en el mundo 4.0., sino que incluso pueden nutrirse de la popularidad de grandes empresas tecnológicas.

Un caso popular fue Instagram, que, este año, fue criticado por permitir publicidades de zapatillas deportivas falsificadas, que copiaban los diseños de una colección especial de Adidas. Si bien Instagram procura el monitoreo de sus publicidades, un segmento del que se mantuvo alejado durante años, el ritmo de emergencia de este tipo de plataformas de falsificación y de sus productos impide suprimir efectivamente todos los casos sospechosos.

No obstante, aunque esta cara de la tecnología puede amenazar a las marcas y al mercado, varios desarrolladores intentan orientar las innovaciones a la erradicación de una industria de falsificación que, más allá de vulnerar los derechos intelectuales y artísticos de diseñadores y marcas, está vinculada a la financiación de crímenes mayores, como la esclavitud infantil, el tráfico de drogas e incluso el terrorismo.

Una de las tecnologías más prometedoras en este sentido es el blockchaining, inspirado por la trazabilidad digital de las Bitcoins. Inicialmente utilizado en la industria farmacéutica para seguir el rastro de medicaciones contra la tuberculosis o la malaria, el blockchaining permite que cualquier persona que forme parte de la cadena de producción verifique los orígenes y pasos de un producto específico.

Una de las aplicaciones de esta tecnología son las marcas de lujo, no sólo de moda sino de alimentación o diseño, que se valen de chips NFC (antenas Near Field Communication) para ser incorporados a cualquier tipo de producto de cualquier tamaño y albergar su información particular de forma encriptada.

Ofreciendo tanto la posibilidad de ser escaneados por vendedores como por clientes, estos chips suponen una seguridad para quienes quieren verificar la naturaleza de su compra, y también ayudan a reubicar productos robados en algún eslabón de la cadena.

Levi-Strauss utilizó tecnologías similares para su inventario, pero la marca Rochambeau innovó al introducir en uno de sus modelos de chaqueta una combinación de NFC y código QR que brindaba acceso a experiencias VIP y también permitía verificar la autenticidad del artículo. La marca italiana de lujo Moncler luego hizo lo propio con una de sus chaquetas icónicas, aunque con el objetivo expreso de luchar contra la falsificación.

Algunos software también procuran ayudar a vendedores de segunda mano al realizar un escaneo pormenorizado de los productos, generando millones de imágenes microscópicas que ayudan a revelar la autenticidad. La capacidad de los consumidores de discernir ellos mismos entre el original y la copia es otro de los elementos en juego, al procurar darles la capacidad de ver más allá de la sofisticación y precisión a las que puedan llegar algunos artículos.

Con ese objetivo, ciertas cuentas de Instagram se dedican a contrastar el artículo de marca con el falsificado y señalar las diferencias leves que pueden ir desde una variación de color, una diferencia mínima en el logo o una costura fuera de lugar. Sin embargo, como señala uno de los creadores de estas cuentas en la web The Outline,  las falsificaciones actuales son tan minuciosas que resulta imposible desarrollar un algoritmo que logre diferenciarlas de las originales y que automatice de forma virtual el proceso de identificación, lo que convierte a éste en un proceso que continúa necesitando de la mano humana.



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