Gloria Fernández: “El software es el lápiz. No va a hacer nada que uno no tenga ya en la cabeza”

Gloria Fernández: “El software es el lápiz. No va a hacer nada que uno no tenga ya en la cabeza”

A simple vista, las humanidades y la tecnología son, para muchos, dos disciplinas irreconciliables. Sin embargo, ante una sociedad que continúa viendo la era digital como unos y ceros, software y hardware, más cercano a las matemáticas y a la ingeniería que a otras vertientes del conocimiento, trazar una aproximación entre la tecnología y ramas como la filosofía, la ética o la literatura resulta enriquecedora, motor de cambio para las reglas tanto de la industria como del día a día.

Para la exdirectora académica de ESDi, Gloria Fernández, también parte del grupo de ideólogos detrás del Bachelor ESDi en Humanidades Digitales, es necesario “cambiar la manera en la que vemos, interpretamos y adaptamos a nuestra cotidianeidad” grandes intelectuales y conceptos neurálgicos del pensamiento. “Creo que es un sentir general”, agrega.

“En las últimas décadas se ha producido una especie de banalización de muchos temas, y esto ha llevado a que muchos de los empresarios con los que trabajamos, que tienen alumnos ESDi en prácticas, nos digan que quieren ‘gente con cultura de esfuerzo, gente con razonamiento y pensamiento crítico’, una serie de cuestiones que van más allá del conocimiento del área”, señala Fernández. “Eso, usualmente, lo dan las Humanidades”.

La sobreabundancia de información en internet es, para la exdirectora, un claro ejemplo: “el mundo digital hace que nos llegue más información que la que somos capaces de asimilar. Hay un momento en el que somos incapaces de discernir qué noticias son verdaderas y cuáles no”. En la vorágine de la información, la inmediatez y la automatización, agrega Fernández, las Humanidades Digitales pueden ser la clave para instituir un nuevo ritmo, más asimilable a los tiempos humanos. “Ahora estamos viendo que quizá no tenemos que ir tan rápido, que quizás hay momentos en los que tenemos que saber cuándo parar, cuándo reflexionar, cuándo decir ‘esto va a requerir más tiempo’”.

La sinergia entre ambas disciplinas puede, agrega Fernández, modernizar los patrones de enseñanza para nuevas generaciones de nativos digitales. “Si nosotros, como sociedad, como alumnos, como docentes, somos diferentes, no podemos estar enseñando como se enseñaba hace cuarenta años”, señala, sugiriendo una retroalimentación entre ambas ramas. “Lo digital no es el fin, es una herramienta maravillosa. Hay mucha gente que está obsesionada con el software. El software es el lápiz, uno tiene que saber utilizarlo. El software no va a hacer nada que uno no tenga ya en la cabeza”, agrega.

Desde la tan debatida aplicación de la ética a la robótica hasta la democratización digital de documentos humanísticos, pasando por la incorporación de creatividad a procesos tecnológicos, las humanidades “van a ayudar a trazar el camino de la tecnología”.

“Las personas que hacen este tipo de estudios no van a ser tecnólogos y no pretenden serlo”, señala Fernández. El giro, por lo tanto, no es desarrollar la tecnología por la tecnología, sino ver “cómo esa tecnología puede llegar a interactuar conmigo en diferentes ámbitos lo que realmente me interesa. De la misma manera en la que es positivo que las personas vinculadas a las Humanidades comprendan el vínculo con el mundo digital, también sería bueno que los tecnólogos se ‘humanizaran’. Esta mentalidad más transversal, más global, es algo que sería bueno que tuviéramos todos. Desde Humanidades Digitales lo que se ayuda es a entender ese mundo y hacer que la sociedad no se quede en pura tecnología”.



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